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Hacerte feliz o no. Esa es la pregunta.

Entiende esto: Lo único que “te toca” es morir (en algún momento). Lo demás es tu decisión.

Entendiendo esto puedes empezar a tomar decisiones pensando en tu felicidad, satisfacción o deleite (como lo quieras llamar, todas van al mismo lugar). Si viste la película Trainspoitting o escuchaste la banda sonora con atención, entenderás de qué se trata este blog. “Choose life, choose a job…”.

Alguien dijo que “el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”, así como un evidente  opositor dijo “el hombre nace malo y la sociedad lo corrige”. No sé que pensamiento sea verídico, pero para este post en particular prefiero pensar en la segunda opción, aplicando a la lógica (y a los recuerdos) de todas esas frases de nuestros padres diciendo “no hagas esto”, “no hagas aquello”, “tienes que hacer esto”, “tienes que hacer aquello”. ¡Pero qué digo! Si ha pasado siempre y seguirá pasando por el resto de nuestra existencia en el mundo de los vivos. El colegio es LA fuente del “haz esto” y “no hagas aquello”. La universidad es un poco más marketinera y en apariencia nos da un poco más de libertad, pero al final el “si no haces esto, tendrás este castigo”, va implícito en el sistema de calificación y los altos costos del semestre. En el trabajo funciona igual, pero en la salud también funciona igual, pero en las relaciones interpersonales también es lo mismo y…bueno, podría decirse que en todo. Vivimos en un mundo social, así que la libertad de uno termina donde empieza la libertad de otro, eso es evidente e irrefutable. Pero es posible ser feliz en medio de tantas prohibiciones. La felicidad está en los pequeños detalles.

Ahora bien, tienes que estudiar y trabajar para poder vivir (o sobrevivir básicamente). Tienes que cumplir con las normas básicas de la sociedad (o lo que los católico/cristianos llaman “los mandamientos”) para no ser aislado de la sociedad y quedar restringido de los beneficios de la “libertad”. Lo que, traído a un plano tangible y tridimensional, significa que debes despertarte todos los días, aun con sueño, para trabajar o estudiar porque…si (para más información busca la definición de “capitalismo” en Google). Debes lavarte los dientes, más que por salud oral, para no tener mal aliento y una apariencia desagradable cuando quieras comunicarte con otro ser humano; desayunar, ser amable con la gente que conoces y la que no conoces (por esa necesidad de autoconservación), almorzar, seguir estudiando/trabajando, escuchar y ayudar a quienes lo pidan, pero hasta cierta hora, porque tienes unos horarios que debes cumplir con tus padres, tu pareja, tu hijo/a o con tus jefes o clientes a la mañana siguiente, te lavas los dientes porque…no quieres perderlos en algunos años. Y te despiertas al día siguiente y sucede todo de nuevo. Una y otra vez. Y te digo que no estamos hablando de un tema de nuestra generación sino de millones de años de “rutinización”. Porque así creas en Adán y Eva o en Darwin, entenderás que en una vida donde cada tanto sientes hambre, deseos sexuales, sale el sol y se esconde, encuentras que hay muchos eventos de la naturaleza que se repiten con cierta frecuencia, ¿Entonces por qué no nuestras acciones como seres humanos?

Ya está, así es la vida. Entonces, ¿por qué no sacar lo mejor de ella? (Si eres un buen lector, sabrás que este es el párrafo interesante). PORQUE NO QUIERES.  PORQUE TE DA MIEDO PERDER LO POCO QUE TIENES. ¡Pues a la mierda! Te propongo hacer este ejercicio, al menos un día. Si no te convence, tu jefe te devolverá tu dinero o te echará a patadas para que por fin te des cuenta que no lo necesitabas.

Este es el ejercicio que propongo:

1. Suena la alarma y sabes lo bueno que es dormir 5 o 10 minutos más, pero sientes que no lo puedes hacer. Sí lo puedes hacer. No duermas 2 horas más. Sólo digo, date ese regalo de unos minutos más de descanso.  Créeme, empezarás el día con una actitud positiva por el simple hecho de hacer algo que te hace feliz, que te satisface.

2. Báñate con agua caliente y no pienses en la factura del acueducto. Cierra los ojos y piensa. Todos nacemos con un enorme potencial creativo. Aprovecha ese momento del día para pensar SÓLAMENTE en soluciones. Eso es lo que vas a hacer cuando salgas de la ducha, solucionar problemas de diferente índole. Empezar el día con soluciones refuerza tu autoestima y por ende tu actitud positiva, la cual se reflejará en todas tus acciones.

3. Evita los momentos que te disgustan. Si todos los días te despiertas a la misma hora que la mayoría sufrirás del cancer de la movilidad: El tráfico. ¡Evítalo! Camina, usa una bicicleta, una moto, sal después del trancón (o antes si no te preocupa madrugar). Evitarás contagiarte del estrés masivo y te sentirás más inteligente (otro regalo a la autoestima).

4. Sonríe desde adentro. Todos tenemos problemas. Sumarle tus problemas a otros te aleja de quienes son positivos y te acerca de los negativos. Tú decides como quieres estar.

5. No ahorres en comida. Alimentarse es una necesidad fisiológica. Comer lo que te gusta es un deseo sencillo de satisfacer. Si vas a comer algo que no te gusta, mejor ni comas.

6. Disfruta lo que haces. Sea que estudies o trabajes, hazlo con pasión. ¿Tienes que estudiar o trabajar para lograr tus objetivos? Sencillo, entonces haz algo que te apasione y serás una persona que contagie esa energía. Todo lo que hagas lo harás bien sin sentir que haces el mayor esfuerzo.

7. Dedica al menos una hora al día para hacer algo que te saque de la realidad. Leer, escribir, dibujar, cantar, bailar, caminar, fumar, tomar, saltar… hay tantas cosas como humanos en la tierra. Es un regalo de ti para ti, por todos tus esfuerzos. Hazlo siempre que  sientas que “me deberían felicitar por…”. Felicítate tú mismo, es fácil.

8. Contagia toda esa buena energía y actitud positiva con alguien. Te sumará aun más energía. Es aritmética pura.

9. Deja de leer historias ejemplares y empieza a escribir las tuyas.

Puedes empezar ahora.