El exótico sabor de lo efímero

No importa si es bueno o es malo, tangible o etéreo, todo tiene un ciclo de vida, es efímero, pero no por eso pierde su importancia, su sabor o su color. La inmediatez entonces debe ser el todo, una decisión de vida en realidad. Tomar cada oportunidad como lo que es y sacarle todo el provecho posible. La sumatoria de esas vivencias al final resultarán dándole un solo significado a la historia de la vida de cada uno.

¿Y qué si se decide no tomar riesgos? No enamorarse por miedo a sufrir. No independizarse por miedo al fracaso. No tiene ningún sentido tomar este tipo de decisiones. Nadie recuerda con pasión una noche en la que durmió como nunca. Sería curioso ver estatus en redes sociales como “¡wow, que momento! Estuve ahí acostada por horas. Fue increíble.”, no. Son las vivencias las que nos apasionan, las que queremos compartir con otros. Ese viaje a un lugar alucinante, esa noche en el bar con los amigos, el día que se prometieron amor eterno… a quién le interesa como termina la historia, porque en cualquier caso va a terminar. Pero ese momento en el que nació un suspiro profundo de satisfacción que luego se reflejó en una sonrisa del corazón es por lo que vale la pena vivir.

El universo sucede a partir de ciclos y los seres humanos somos parte del todo, así que es completamente lógico pensar que si se está bien en algún momento, con seguridad vendrán malos momentos luego, y después buenos y así hasta el último día. Y hay que abrir bien los ojos para entender cada situación en su contexto. Hay situaciones complicadas de manejar emocionalmente, y no son solo los momentos dolorosos, también los de felicidad y éxtasis (porque en algún momento nace el miedo a dejar de sentir esa alegría). Pero lo realmente interesante y enriquecedor es descubrir cómo cada momento, cada vivencia y cada decisión que se toma crea un nuevo camino por recorrer.

Hay quienes deciden quedarse parados. Los demás, los que moldean día a día su forma de ser felices, vivirán eternamente en cada momento.